Fundación eCare Acompaña - Elisabeth d'Ornano - Evidencias - Madre

La huella prenatal

El periodo prenatal es el más importante de toda la vida.
Thomas Verny, psiquiatra perinatal.

Desde principios del siglo XX algunos psicólogos han intentado comprender cuándo comienza la vida psíquica del bebé en el útero, qué memoria queda de ese tiempo en que vivimos en el vientre materno o como afecta el tipo de nacimiento a la construcción de la personalidad y los vínculos.

Entre estos pioneros de la psicología prenatal destacan Otto Rank, Nandor Fodor, Francis J. Mott,Donald Winnicott, Frank Lake, Elizabeth Fehr, Artur Janov, Lloyd de Mause, Stanislav Grof, Anastasios Kafkalides, David Chamberlain, Alessandra Piontelli o Thomas Verny. Todos ellos han intentado comprender lo que viven los bebés en el útero y el nacimiento, así como la huella que todo ella deja en la vida psíquica. Además, algunos se han especializado en tratar la llamada “herida primal”, es decir, las carencias o los recuerdos traumáticos que hayan podido quedar grabados en la persona en torno al nacimiento, para evitar que sigan siendo causa de sufrimiento.

Precisamente gracias a la ciencia cada vez está más claro que los bebés perciben su entorno desde fases muy tempranas del embarazo y que todo lo que viven queda grabado a nivel, entre otros, de memoria celular y corporal.

Gracias a todos esos trabajos pioneros ahora sabemos que lo que vivimos en el útero y la manera en que nacemos es muy importante para todo nuestro desarrollo, pudiendo incluso llegar a condicionarlo de por vida. Los bebés sienten, aprenden, recuerdan y se relacionan desde fases muy tempranas del embarazo. Como bien señala David Chamberlain, deberíamos dejar de llamarles “fetos” o “embriones”.

Cuanto antes reconozca la madre la realidad de la vida psíquica del bebé en su vientre, cuanto más sepan los futuros padres sobre la importancia de esa huella, más y mejor se cuidará a los bebés durante el embarazo. Comprender lo sensibles que son los bebés al ambiente en el útero y lo bien que perciben las emociones de su madre nos lleva necesariamente a intentar cuidar a todas las gestantes al máximo, procurando que su estado sea motivo de celebración y alegría y no de pesar o agobio.

Cuando se comprende hasta que punto los bebés son conscientes desde el útero y cuando les afecta la manera de nacer se entiende la importancia de facilitarles un nacimiento sin violencia, tal y como describió Leboyer.

La vida intrauterina

Decía Leboyer (obstetra francés pionero en la promoción del nacimiento sin violencia).
La ciencia de la embriología, que estudia el desarrollo del bebé en el útero, está confirmando lo que desde siempre han intuido las madres: cuanto más feliz, tranquila y confiada se sienta la madre, cuanto antes establezca el vínculo con su bebé en el útero, más armónico será el crecimiento del mismo. El amor y la confianza que la mujer siente y vive durante el embarazo se traduce en hormonas y neurotransmisores que terminan bañando al bebé, haciendo que viva lo que siente su madre y que crezca de la manera más amorosa y saludable posible. 

Desde la concepción, las primeras células del futuro bebé van almacenando memoria del ambiente en el que se desarrollan. Este recuerdo o memoria es inicialmente celular, luego pasará a ser corporal. Conforme se desarrollan los sentidos, el bebé en el útero puede oler, oír, saborear, sentir…

La huella de lo que vivimos en el embarazo como bebés en construcción la llevamos con nosotros de por vida, forma parte de nuestra memoria corporal. El cómo afecta al desarrollo del bebé en el útero el estado emocional de la madre embarazada ha sido una preocupación de la humanidad desde la antigüedad.

Leonardo da Vinci escribió en sus Quaderni d´ Anatomia con relación al embarazo: “la misma alma gobierna los dos cuerpos, las cosas deseadas por la madre a menudo quedan grabadas en el niño que la madre lleva en su seno en el momento del deseo… Una voluntad, su supremo deseo, un temor o un dolor mental que la madre siente tiene más poder sobre el niño que sobre ella, dado que frecuentemente la criatura pierde su vida por ello…”.
El médico y alquimista renacentista Paracelso también afirmó:

La mujer es la artista de la imaginación y su hijo es el lienzo sobre el cual ella pinta su cuadro.
(Paracelso, 1493-1541)

Cuanto más querido se sienta el bebé desde la concepción más fácil es que se desarrolle de forma armónica y saludable.

Varios psicoterapeutas han demostrado como el ambiente emocional que vive el bebé en el útero puede afectarle de por vida.

Cada vez son más las pruebas que demuestran las condiciones del útero tienen tanta importancia como los genes a la hora de determinar cuál será el desarrollo mental y físico durante la vida.
(Peter W. Nathanielsz, Life in the Womb: The Origin of Health and Disease)

El descubrimiento social más trascendental de estos dos últimos siglos es el impacto insospechado en su vida de adulto de lo acontecido al bebé desde el vientre de la madre
(Eduard Punset)

La verdad es que muchas de las creencias que albergamos sobre los bebés son falsas. No son seres sencillos, sino complejas criaturas sin edad con una asombrosa cantidad de pensamientos.
David Chamberlain (1928-2014) Psicólogo perinatal

Se puede preparar la salud mental del niño antes de la concepción
Thomas Verny, psiquiatra perinatal.

La madre embarazada

La naturaleza les da a las madres nueve meses para albergar dudas, temores y ambivalencias en torno al hijo que vendrá.
Brazelton.

El vínculo con el hijo o hija que llega no es algo instantáneo sino gradual. El embarazo produce un proceso psicológico muy especial.

Conforme va creciendo el bebé en el útero también se producen cambios en el cerebro maternal. Poco a poco se va volviendo mucho más sensible y emocional.

Durante el embarazo hay una necesidad natural y espontánea de acercarse a la propia madre. Para prepararse efectivamente para la maternidad la gestante tiene que recordar y revisar sus propias experiencias de ser hija para, a partir de ahí imaginarse, como madre. 

Si la mujer no tiene familia cerca o ya perdió a su madre puede necesitar una “figura maternal”: una madre experta y cercana que le ayude en ese proceso. Lo importante es que la mujer se sienta escuchada y libre de expresar como se imagina como madre.

Tras el nacimiento habrá que aceptar al recién nacido, ir conociéndolo y queriéndole tal y como es, dejando atrás las fantasías para vivir con plenitud la maternidad y paternidad.

Profesionales respetuosos

Desde el inicio del embarazo muchas mujeres y sus parejas desean hacer todo lo que esté en sus manos para cuidar a su bebé y asegurarle una llegada al mundo saludable y cuidadosa. Probablemente una de las decisiones más importantes en todo embarazo sea la elección de profesionales, tanto para el seguimiento del embarazo como para el momento del parto.

A la hora de elegir donde y con quien parir, es decir, en que equipo profesional confiar a la hora del parto es recomendable obtener la siguiente información:

¿Cuál es su manera de trabajar y su filosofía de cuidados?

¿Conocen y siguen las recomendaciones del Ministerio de Sanidad recogidas en la Estrategia de Atención al Parto Normal?

¿Animan a las mujeres a que presenten su plan de parto?
¿Cuáles son los indicadores de ese centro o equipo? Por ejemplo: ¿cuál es su porcentaje de cesáreas? ¿Y de inducciones?

¿Están esos datos accesibles al público? La transparencia es un indicador de calidad en la atención.

¿Qué medidas de alivio del dolor ofrecen además de la epidural?

¿Se permite la presencia del padre o una acompañante en las cesáreas y/o partos instrumentales?

¿Entienden la importancia de no separar al recién nacido de su madre en las dos primeras horas de vida? Si hay una causa médica que justifique la separación, ¿permiten que el padre u otro familiar acompañe al recién nacido?

¿Cómo apoyan la lactancia?

¿Están acreditados como hospital IHAN o en vías de acreditarse?

Si el recién nacido precisa ser ingresado, ¿en la Unidad de Neonatología aplican los cuidados centrados en el desarrollo y en la familia?

Prepararse para dar a luz

El parto es siempre cosa de como mínimo dos seres humanos: madre y bebé. Un viaje del uno hacia el otro: el primer encuentro tras, idealmente, nueves meses de gestación

El parto es instintivo: algo que el cuerpo sabe hacer. No hay que aprender a parir. El cuerpo de la madre hace la mayor parte del trabajo abriéndose poco a poco y empujando al bebé mediante las contracciones del útero para que vaya descendiendo. Pero es importante señalar que el bebé también hace su parte: se va colocando, girando, descansando a ratos, avanzando.

El útero es un músculo: cuando se contrae se pone duro. El obstetra francés Leboyer en su libro ‘El Parto, crónica de un viaje’ explicó como el útero en el parto se puede contraer de dos maneras: placenteramente o dolorosamente. En las contracciones placenteras, el útero se contrae suave y lentamente. 

Por el contrario, las contracciones dolorosas, según Leboyer, son más bien como un calambre: todo el útero se contrae de golpe y se suelta también golpe. Esa tensión tan grande y súbita produciría el dolor. Para que las contracciones sean placenteras es importante estar profundamente relajada y poder recibirlas y acompañarlas como si fueran una ola que recorre el útero.

La salud mental en el embarazo

No todas las mujeres se sienten bien en el embarazo ni viven igual toda la gestación. Algunas sufren trastornos emocionales como depresión o ansiedad o viven en situaciones de máximo estrés y/o violencia de género u otros tipos. En esos casos es más difícil vincularse con el bebé y prepararse para su llegada.
En la actualidad hay varios grupos de investigación a nivel mundial trabajando en comprender como afecta al bebé el estado emocional de la madre durante la gestación. El estrés de la madre durante el embarazo puede afectar de forma negativa al desarrollo emocional del bebé. Esto se ha demostrado desde las neurociencias y la neurobiología: se han podido relacionar datos como las mediciones de hormonas del estrés en la sangre o saliva de las madres con algunos tipos de síntomas en los hijos.
Los cuidados tras el nacimiento pueden mejorar o empeorar los efectos del estrés prenatal en el desarrollo del bebé. Lamentablemente este conocimiento no está igual de extendido entre muchos profesionales de la atención a la maternidad ni en la sociedad en general, por lo que no se suele poner suficiente énfasis en prevenir y tratar el estrés materno durante el embarazo.
Lo que la madre sienta y piense sobre su bebé puede entre otras cosas influir en el parto, facilitándolo u obstaculizándolo, o en el inicio de la relación de apego con el bebé antes y después del nacimiento. En este ámbito desde la psicología del embarazo se estudia cómo vive el bebé la relación con la madre y el padre desde el útero y cómo afectarán estas vivencias prenatales a la construcción de su identidad. Se sabe que el cómo imagina la embarazada a su futuro bebé y el cómo se relaciona con él desde la gestación puede favorecer el vínculo amoroso y seguro tras el nacimiento.
Además, hay que tener en cuenta que la nutrición y el ambiente en el que viva la embarazada también afectan enormemente al neurodesarrollo del bebé. Sabemos con certeza que tomar alcohol durante el embarazo, incluso a dosis mínimas, daña el desarrollo cerebral. Igualmente habría que evitar el tabaco y todas las sustancias de abuso. En estas situaciones es muy importante contar con el apoyo de profesionales de la salud mental perinatal. Intervenciones como la psicoterapia y el acompañamiento terapéutico, sea individual o grupal, permiten ir creando un espacio para vincularse con el bebé desde la gestación, lo que a su vez previene o minimiza el riesgo de que el bebé desarrolle otras patologías mentales en el futuro.
Evitar el estrés durante el embarazo es una prioridad. Está demostrado, por ejemplo, que el estrés materno es una de las principales causas de parto prematuro. Por eso los médicos no deberían esperar a que la gestante esté mal para ofrecerle una baja por enfermedad. En estas situaciones es donde más valor tiene la frase “más vale prevenir que curar”. Es preferible estar de baja por enfermedad durante el último trimestre de la gestación para vivirlo con calma y tranquilidad, antes que encontrarse con un parto prematuro y un bebé muy frágil por no haber evitado ese estrés a tiempo.

Las implicaciones de todo este campo trascienden al cuidado que como sociedad hay que ofrecer a todas las gestantes. Como dice Ruth Feldman:“Es nuestra responsabilidad como cuidadores, científicos, políticos, profesionales de salud mental, y ciudadanos responsables que cada bebé tenga la oportunidad de aprender a amar y que cada padre y madre reciba el apoyo necesario para que esto suceda”.

Un embarazo complicado

Algunos embarazos se complican. A veces desde el inicio, ya en el primer trimestre, se detecta que el bebé tiene algún problema que dificulta su desarrollo.

Con frecuencia los obstetras, médicos expertos en patologías y complicaciones del embarazo, reconocen que no saben bien como atender la parte más emocional en esos embarazos complicados y/o difíciles. A menudo recomiendan que se tomen decisiones de forma demasiado precipitada, en temas tan delicados como seguir o no adelante con un embarazo complicado. Otras veces falla la continuidad y la mujer o la pareja se encuentran que en cada consulta les atiende un profesional diferente con la dificultad añadida que esto conlleva.
Suelen ser situaciones muy complejas desde el punto de vista emocional. Puede ser difícil sentir, por un lado, ese cariño creciente hacia el bebé en el útero junto con la preocupación o el miedo por su futuro o por la propia salud.

Hay quien piensa que es mejor “no encariñarse demasiado con el bebé” o “no hacerse demasiadas ilusiones” por si acaso el embarazo no termina bien.

Algunas madres que han vivido embarazos muy complicados han contado como el sentirse muy conectadas con el bebé que crecía en su interior, fue lo que más fuerza les dio en situaciones muy adversas. Incluso madres que perdieron a sus bebés han manifestado que, pese a todo disfrutaron del embarazo, de la maravilla de sentir a su bebé dentro de su vientre, y que fue el haber podido disfrutar de esa conexión plenamente lo que les ayudó a transitar ese duelo tan oculto que es la pérdida gestacional o perinatal.

Si el bebé viene mal, sentirse y saberse querido siempre le ayudará a afrontar la adversidad.

Por todo ello es importante buscar los apoyos y la manera de conectar con el bebé en gestación también – o especialmente- cuando el embarazo se complica.

En esas situaciones puede ayudar:
Darse todo el tiempo necesario antes de tomar decisiones: La prisa casi nunca es buena. A menudo la prisa viene más del miedo de los profesionales, de su dificultad para sostener en momentos difíciles que de la situación clínica del bebé.

Centrarse en el presente, en el aquí y ahora: Dedicar tiempo a escuchar al cuerpo y observar los cambios que produce el embarazo, cuidarse todo lo posible. Situaciones tan duras a veces son una oportunidad de vivir el amor incondicional en plenitud, incluso si hay que despedirse porque llega la muerte.

Confiar y prepararse para el encuentro con ese bebé ya tan querido, pese a todo, aunque vaya a ser una despedida.

Ser madre embarazada de un bebé que no viene bien puede ser muy difícil y doloroso, pero también puede ser una oportunidad para aceptar el misterio y la fragilidad de la vida.

La pérdida del embarazo y el duelo

Hay bebés que no llegan a vivir fuera del útero. Fallecen en algún momento del embarazo o en el parto. Casi siempre la muerte llega de forma súbita e inexplicable: nadie la esperaba. El proceso de aceptar esa muerte, el trabajo del duelo suele ser especialmente difícil. 

Con frecuencia la madre se siente culpable. Piensa que el bebé ha fallecido por algo que ella hizo o no hizo, siente que no hizo todo lo que estaba en sus manos para cuidar a ese bebé en su vientre. Este pensamiento es irracional, la madre no tiene la culpa de que el bebé fallezca obviamente, pero refleja el profundo dolor de la pérdida. El sentirse cuidada por los profesionales sanitarios es muy importante: tienen que dedicar tiempo a escuchar y acompañar a los padres.

El trabajo del duelo requiere recogimiento, tiempo, silencio. Suele ser un tiempo largo, diferente para cada madre y cada padre. Hay que permitirse la tristeza en una sociedad que prefiere no reconocerla. No suele ser fácil, menos aún si en el entorno hay otras parejas familiares o amigas dando a luz a sus bebés sanos a término.