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Fundación eCare Acompaña - Elisabeth d'Ornano - Evidencias - Madre

La huella prenatal

El periodo prenatal es el más importante de toda la vida.
Thomas Verny, psiquiatra perinatal

Desde principios del siglo XX algunos psicólogos han intentado comprender cuándo comienza la vida psíquica del bebé en el útero, qué memoria queda de ese tiempo en que vivimos en el vientre materno o como afecta el tipo de nacimiento a la construcción de la personalidad y los vínculos.
Los pioneros en este campo de la psicología prenatal partieron de lo que les contaban sus pacientes adultos en sesiones de terapia donde salían a relucir recuerdos y memorias que parecían venir del nacimiento o incluso de su vida en el útero materno. Estos psicólogos en muchos casos expresaban que les costaba creer o aceptar que esos recuerdos podrían ser auténticos y no fantasías. El médico Frank Lake por ejemplo, contaba: “Los neurólogos me aseguraron que era imposible que el sistema nervioso del bebé conservara cualquier recuerdo relacionado con el nacimiento. Transmití mi incredulidad a mis pacientes y, como siempre ocurre en tales casos, tendieron a dejar de contarme aquello que no estaba preparado para creer, por supuestos motivos científicos. Pero luego surgieron varios casos en los que la reexperimentación de lesiones específicas del parto con fórceps, el cordón alrededor del cuello, el plexo braquial dañado u otros episodios dramáticos fueron tan vívidos, tan inconfundibles en su origen en el nacimiento, y luego confirmados por la madre u otros informantes confiables, que mi creencia tuvo que ser sacudida …” Es decir, los relatos que hacían los pacientes contenían tantos detalles verídicos que este médico, como muchos otros, tuvo que rendirse a la evidencia de que lo que contaban sus pacientes eran recuerdos reales del nacimiento y de la vida intrauterina.
Entre estos pioneros de la psicología prenatal destacan Otto Rank, Nandor Fodor, Francis J. Mott,Donald Winnicott, Frank Lake, Elizabeth Fehr, Artur Janov, Lloyd de Mause, Stanislav Grof, Anastasios Kafkalides, David Chamberlain, Alessandra Piontelli o Thomas Verny. Todos ellos han intentado comprender lo que viven los bebés en el útero y el nacimiento, así como la huella que todo ella deja en la vida psíquica. Además, algunos se han especializado en tratar la llamada “herida primal”, es decir, las carencias o los recuerdos traumáticos que hayan podido quedar grabados en la persona en torno al nacimiento, para evitar que sigan siendo causa de sufrimiento. Todo este trabajo ha sido cuestionado dada la dificultad para demostrar sus bases desde la evidencia científica.
Sin embargo, precisamente gracias a la ciencia cada vez está más claro que los bebés perciben su entorno desde fases muy tempranas del embarazo y que todo lo que viven queda grabado a nivel, entre otros, de memoria celular y corporal. El debate en torno a cuando surge la conciencia cada vez es más profundo y rico precisamente por toda esta evidencia científica.
Gracias a todos esos trabajos pioneros ahora sabemos que lo que vivimos en el útero y la manera en que nacemos es muy importante para todo nuestro desarrollo, pudiendo incluso llegar a condicionarlo de por vida. Los bebés sienten, aprenden, recuerdan y se relacionan desde fases muy tempranas del embarazo. Como bien señala David Chamberlain, deberíamos dejar de llamarles “fetos” o “embriones”. Probablemente muchas mujeres perciban la presencia del bebé en su cuerpo de alguna manera desde el mismo momento de la concepción, “saben” que están embarazadas y sienten esa compañía tan especial. Cuanto antes reconozca la madre la realidad de la vida psíquica del bebé en su vientre, cuanto más sepan los futuros padres sobre la importancia de esa huella, más y mejor se cuidará a los bebés durante el embarazo. Comprender lo sensibles que son los bebés al ambiente en el útero y lo bien que perciben las emociones de su madre nos lleva necesariamente a intentar cuidar a todas las gestantes al máximo, procurando que su estado sea motivo de celebración y alegría y no de pesar o agobio.
Cuando se comprende hasta que punto los bebés son conscientes desde el útero y cuando les afecta la manera de nacer se entiende la importancia de facilitarles un nacimiento sin violencia, tal y como describió Leboyer. Por eso es tan recomendable esperar a que el parto se inicie naturalmente, cuando el bebé ya se ha preparado, y evitar en la medida de lo posible las intervenciones médicas salvo que estas sean necesarias por una verdadera causa médica. Los bebés que nacen en partos naturales y respetados, a su tiempo y a su ritmo, son luego más fáciles de criar, están mejor que los que han sufrido trauma en el parto, nacimiento o separaciones forzadas de sus madres.
Corresponde a los profesionales sanitarios ofrecer esta atención al embarazo, parto y nacimiento respetuosa con el bebé y basada en la evidencia científica. Es su trabajo intentar respetar los sabios procesos biológicos que conlleva la maternidad, e intervenir lo mínimo, para asegurar que cada bebé nazca rodeado de amor, cariño y respeto, con hormonas del amor a raudales y sin estrés, y que cada madre se encuentre apoyada y cuidada en su trabajo de parto para recibir de la mejor manera a su querido bebé. Este inicio favorece enormemente el desarrollo saludable de nuestra especie. Cuando las intervenciones sean necesarias, los profesionales tienen que promover la fisiología minimizando el estrés de la madre y del bebé, procurando no separarlos y ayudarlos en esos primeros días, para que las consecuencias sean mínimas y se sanen lo antes posible.

La vida intrauterina

La nuestra es una biología del amor: idealmente la concepción es el resultado de una relación amorosa. Los espermatozoides no compiten por fecundar al óvulo, sino que cooperan para que uno de ellos lo logre. Muchas madres saben exactamente en qué momento se produjo la concepción de su bebé, y sienten esa presencia de la nueva vida en su cuerpo desde esos primeros momentos. Ser consciente de esa presencia o compañía favorece brindar los cuidados a una misma y al bebé desde el principio de la gestación.
“En el fondo, el momento en el que el niño nace es cuando la mujer lo siente, no físicamente por sus movimientos, sino cuando percibe su presencia. A partir de este momento, debería darle como mínimo un cuarto o media hora de escucha todos los días. Aconsejo a las mujeres embarazadas encerrarse en una habitación, solas, y decir a su hijo: “estoy aquí, ahora, te escucho”. Si no se hace, no lo escuchará jamás.” Decía Leboyer (obstetra francés pionero en la promoción del nacimiento sin violencia).
La ciencia de la embriología, que estudia el desarrollo del bebé en el útero, está confirmando lo que desde siempre han intuido las madres: cuanto más feliz, tranquila y confiada se sienta la madre, cuanto antes establezca el vínculo con su bebé en el útero, más armónico será el crecimiento del mismo. El amor y la confianza que la mujer siente y vive durante el embarazo se traduce en hormonas y neurotransmisores que terminan bañando al bebé, haciendo que viva lo que siente su madre y que crezca de la manera más amorosa y saludable posible. El amor que sienta la madre también nutre, alimenta al bebé durante la gestación.
Desde la concepción, las primeras células del futuro bebé van almacenando memoria del ambiente en el que se desarrollan. Este recuerdo o memoria es inicialmente celular, luego pasará a ser corporal. Conforme se desarrollan los sentidos, el bebé en el útero puede oler, oír, saborear, sentir…Desde el primer trimestre tiene sensaciones táctiles en la cara y algunas zonas del cuerpo, con seis meses ya le gusta chuparse el dedo. En el séptimo mes ya puede percibir la luz y verla como un resplandor rojizo a través del vientre materno. Aprende a percibir sabores y olores en el útero. Desde la mitad del embarazo puede oír bastante bien. Oye el latido cardiaco de su madre y, a partir del sexto mes, escucha también los ruidos del exterior: hay evidencia de que prefiere la música clásica y tranquila a los ruidos estrepitosos. Poco a poco va siendo capaz además de responder a diferentes estímulos que le llegan del exterior. Va guardando una memoria de todo ello, lo que explica que nada más nacer los bebés puedan reconocer y preferir la voz (y el olor de su madre) y de su padre entre otras voces.
La huella de lo que vivimos en el embarazo como bebés en construcción la llevamos con nosotros de por vida, forma parte de nuestra memoria corporal. El cómo afecta al desarrollo del bebé en el útero el estado emocional de la madre embarazada ha sido una preocupación de la humanidad desde la antigüedad. Ya en los textos hipocráticos del año 400 a.C. como en los Vedas (500 a.C.) se hace referencia a la importancia de las emociones maternas para el desarrollo del bebé en el útero. En la tradición china esa misma intuición dio lugar al desarrollo de la primera clínica antenatal hace más de mil años. Durante la Edad Media varios textos recogen la afirmación de que las “impresiones maternas”, es decir, lo que la madre piense y sienta durante la gestación afecta al desarrollo del bebé. En el siglo XVI el filósofo italiano Della Porta intentó desarrollar la primera teoría para intentar explicar cómo era esto posible. Por aquella misma época el mismísimo Leonardo da Vinci escribió en sus Quaderni d´ Anatomia con relación al embarazo: “la misma alma gobierna los dos cuerpos, las cosas deseadas por la madre a menudo quedan grabadas en el niño que la madre lleva en su seno en el momento del deseo… Una voluntad, su supremo deseo, un temor o un dolor mental que la madre siente tiene más poder sobre el niño que sobre ella, dado que frecuentemente la criatura pierde su vida por ello…”.
El médico y alquimista renacentista Paracelso también afirmó: “La mujer es la artista de la imaginación y su hijo es el lienzo sobre el cual ella pinta su cuadro” (Paracelso, 1493-1541)
Cuanto más querido se sienta el bebé desde la concepción más fácil es que se desarrolle de forma armónica y saludable. A lo largo del siglo XX se desarrollaron toda una serie de estudios que confirmaron la importancia que tiene cuidar emocionalmente a las futuras madres desde la gestación como manera de favorecer la salud del bebé. Algunos investigadores se han centrado en la parte física, otros en la psíquica y psicológica. Varios psicoterapeutas han demostrado como el ambiente emocional que vive el bebé en el útero puede afectarle de por vida.

“Cada vez son más las pruebas que demuestran las condiciones del útero tienen tanta importancia como los genes a la hora de determinar cuál será el desarrollo mental y físico durante la vida” (Peter W. Nathanielsz, Life in the Womb: The Origin of Health and Disease)

“El descubrimiento social más trascendental de estos dos últimos siglos es el impacto insospechado en su vida de adulto de lo acontecido al bebé desde el vientre de la madre” (Eduard Punset).

“La verdad es que muchas de las creencias que albergamos sobre los bebés son falsas. No son seres sencillos, sino complejas criaturas sin edad con una asombrosa cantidad de pensamientos”. David Chamberlain (1928-2014) Psicólogo perinatal

“Se puede preparar la salud mental del niño antes de la concepción” Thomas Verny, psiquiatra perinatal.

La madre embarazada

La naturaleza les da a las madres nueve meses para albergar dudas, temores y ambivalencias en torno al hijo que vendrá.
Brazelton

El vínculo con el hijo o hija que llega no es algo instantáneo sino gradual. El embarazo produce un proceso psicológico muy especial. La mujer tiene nueve meses para prepararse y convertirse en madre. Conforme va creciendo el bebé en el útero también se producen cambios en el cerebro maternal. Poco a poco se va volviendo mucho más sensible y emocional. Es lo que la naturaleza ha previsto para que, nada más nacer el bebé, la mujer sea capaz de responder a sus necesidades de contacto emocional de manera óptima. Por eso, al final del embarazo la sensibilidad emocional es máxima. Es normal entonces sentirse algo más lenta para realizar otras tareas intelectuales, el cerebro está preparándose para la fusión emocional con el recién nacido.

Durante el embarazo hay una necesidad natural y espontánea de acercarse a la propia madre. Para prepararse efectivamente para la maternidad la gestante tiene que recordar y revisar sus propias experiencias de ser hija para, a partir de ahí imaginarse, como madre. Este acercamiento a veces se traduce en que la embarazada visita más a menudo a sus padres, el lazo con la madre se suele estrechar o la relación se percibe como mejor. Si la mujer no tiene familia cerca o ya perdió a su madre puede necesitar una “figura maternal”: una madre experta y cercana que le ayude en ese proceso. Puede ser una compañera, una amiga de mayor edad o, en ocasiones, una profesional como la matrona. Lo importante es que la mujer se sienta escuchada y libre de expresar como se imagina como madre.

Es normal fantasear con el futuro hijo-a, imaginando como se le criará y educará. Idealmente este proceso se comparte con el padre, que también va construyendo su vínculo con el bebé desde el embarazo. Los hombres también revisan su historia familiar durante el embarazo y dedican tiempo a imaginarse como padres. Cuanto más apoyo recibe la embarazada por parte del padre, antes y mejor se vincula la madre con el bebé, incluso nota antes sus movimientos en el vientre.

Facilitar a las madres espacios donde poder hablar de sus emociones favorece que se vinculen con el bebé. Después de fantasear con el bebé soñado el hijo-a ideal llega la realidad. Tras el nacimiento habrá que aceptar al recién nacido, ir conociéndolo y queriéndole tal y como es, dejando atrás las fantasías para vivir con plenitud la maternidad y paternidad.

Aceptar que el bebe no es el soñado.

Profesionales respetuosos

Desde el inicio del embarazo muchas mujeres y sus parejas desean hacer todo lo que esté en sus manos para cuidar a su bebé y asegurarle una llegada al mundo saludable y cuidadosa. Probablemente una de las decisiones más importantes en todo embarazo sea la elección de profesionales, tanto para el seguimiento del embarazo como para el momento del parto. Dependiendo del lugar de residencia puede haber más o menos opciones, pero siempre es importante dedicarle tiempo a esta elección. Las consecuencias para la salud de la madre y del bebé pueden ser muy importantes.
De entrada, es importante recordar la que la matrona es la profesional especializada en el seguimiento del embarazo y la atención al parto normal. En el sistema sanitario español las matronas de Atención Primaria hacen el seguimiento del embarazo y la embarazada sólo tiene que ir a la consulta del médico obstetra en contadas ocasiones. Sólo se recomienda hacer tres ecografías a lo largo del embarazo. En la sanidad privada la presencia de la matrona es muy desigual, lo que sin duda favorece la medicalización de la atención al embarazo y parto y el exceso de intervenciones innecesarias.
A la hora de elegir donde y con quien parir, es decir, en que equipo profesional confiar a la hora del parto es recomendable obtener la siguiente información:

¿Cuál es su manera de trabajar y su filosofía de cuidados? ¿Conocen y siguen las recomendaciones del Ministerio de Sanidad recogidas en la Estrategia de Atención al Parto Normal?

¿Animan a las mujeres a que presenten su plan de parto?

¿Cuáles son los indicadores de ese centro o equipo? Por ejemplo: ¿cuál es su porcentaje de cesáreas? ¿Y de inducciones?¿Están esos datos accesibles al público? La transparencia es un indicador de calidad en la atención.

¿Qué medidas de alivio del dolor ofrecen además de la epidural?

¿Se permite la presencia del padre o una acompañante en las cesáreas y/o partos instrumentales?

¿Entienden la importancia de no separar al recién nacido de su madre en las dos primeras horas de vida? Si hay una causa médica que justifique la separación, ¿permiten que el padre u otro familiar acompañe al recién nacido?

¿Cómo apoyan la lactancia? ¿Están acreditados como hospital IHAN o en vías de acreditarse?

Si el recién nacido precisa ser ingresado, ¿en la Unidad de Neonatología aplican los cuidados centrados en el desarrollo y en la familia?

La Asociación El Parto Es Nuestro ofrece reuniones abiertas y gratuitas para informar y apoyar a las madres a que tengan un parto respetado. En esas reuniones se puede obtener de primera mano información valiosa sobre los hospitales y/o profesionales de cada región. En su página web se pueden leer numerosos relatos de partos en primera persona, lo que ayuda mucho en la preparación al parto.

El lugar donde dar a luz

El parto y el nacimiento afectan profundamente a la salud, tanto de la madre como del bebé, a veces de por vida. Elegir donde dar a luz es por lo tanto una decisión muy importante y transcendental, que cada madre o pareja tendrá que tomar, idealmente tras haberse informado en profundidad.
En el contexto actual de medicalización del parto puede resultar difícil elegir. En muchos casos no es fácil saber que hospital, clínica o equipo ofrece una mejor atención, cuesta acceder a la información o estadísticas de cada hospital, clínica o equipo, por eso hay que dedicarle tiempo a la elección. Hay muchos aspectos a valorar, no sólo se trata de ver quien, y donde o como atiende el parto, sino también tener en cuenta otras cuestiones como los cuidados que recibe el recién nacido o que sucede si este precisa ser hospitalizado.
La matrona es la experta en el parto normal. Sólo cuando hay patologías o complicaciones es necesaria la presencia del obstetra. Está demostrado que cuando el parto normal lo atiende un médico es más probable que proponga intervenciones no necesarias o incluso peligrosas para la parturienta. La excesiva medicalización tiene riesgos para la salud de madres y bebés; en muchos lugares todavía no se trabaja de acuerdo con la evidencia científica. Idealmente el embarazo y el parto lo deberían atender matronas, y ser ellas las que valoren cuando es necesaria la presencia de un o una obstetra.
Hay dos grandes opciones: el parto hospitalario o el parto en casa.
En España el parto en hospital o clínica se ofrece tanto en la sanidad pública como en la privada. En muchos hospitales ya se permite visitar el paritorio con antelación y presentar un plan de parto por escrito. Algunos centros públicos son pioneros en la humanización del parto y han sido acreditados por UNICEF como hospitales IHAN. Además, hay servicios de neonatología que apuestan por los cuidados centrados en el desarrollo y la familia como propone el método NIDCAP. En esos servicios los cuidados son más individualizados para cada bebé y se cuidan más sus necesidades afectivas.
En los hospitales públicos la parturienta es atendida por el equipo de guardia que incluye como mínimo una matrona, un obstetra, un anestesista y un pediatra. En los hospitales universitarios al equipo se suele añadir personal en formación (MIR o EIR) o estudiantes de medicina y/o enfermería. Es importante recordar que es la mujer la que tiene que dar permiso para que las personas en formación estén presentes en su parto. Cada vez son más los hospitales donde el parto normal lo atienden exclusivamente las matronas.
En los hospitales o clínicas privados la mujer suele elegir el equipo médico o el obstetra que le seguirá el embarazo y, según el caso, que le atenderá llegado el parto. Esto puede parecer ideal, pero en muchos casos es la causa de que se induzcan o programen partos y cesáreas para asegurar la presencia del obstetra elegido, sin que haya una verdadera causa médica. (Las inducciones aumentan el riesgo de que el parto se complique o termine en cesárea) En la sanidad privada el papel de la matrona suele quedar muy relegado o es inexistente. Tal vez por ello, en la sanidad privada las tasas de cesáreas e intervenciones son mucho mayores que en la sanidad pública. Además, en muchas clínicas no hay servicio de intensivos de neonatología, por lo que si el recién nacido tiene un problema grave se le suele trasladar al hospital público de referencia. Por todo ello a la hora de elegir obstetra, equipo o clínica privada es importante informarse bien tanto de sus estadísticas de parto como del tipo de atención que ofrecen cuando hay complicaciones médicas, tanto obstétricas como pediátricas.

El parto domiciliario atendido por matronas expertas es una opción cubierta por los servicios públicos de salud en otros países europeos como Holanda, Reino Unido, Noruega o Alemania. Los estudios más recientes avalan su seguridad cuando la mujer no presenta patologías importantes ni otros factores de riesgo. La principal ventaja del parto domiciliario es que estando en su casa es más fácil que la mujer haga el trabajo de parto a su ritmo y sintiéndose muy cómoda y libre de ponerse como quiera, lo que ayuda a que no haya complicaciones.
En el Reino Unido dentro del sistema público de salud, se recomienda el parto en casa para mujeres que ya han dado a luz vaginalmente con anterioridad y no tienen factores de riesgo. En nuestro país el parto en casa no lo cubre la seguridad social por lo que es preciso contratar un equipo privado. Estos equipos suelen estar formados por una o varias matronas que ofrecen seguimiento del embarazo y disponibilidad ilimitada para atender el parto a partir de la semana 37 de embarazo. Cada matrona o equipo valora durante el embarazo si puede o no atender a la mujer en función de sus circunstancias y se firma un contrato escrito en el que se detallan las opciones, así como las situaciones que darán lugar a un traslado hospitalario, etc. La asociación Nacer en Casa agrupa a muchos de los profesionales que atienden partos a domicilio.
Otra opción son las llamadas casas de partos. Se trata de pequeñas clínicas con ambiente hogareño donde las matronas atienden los partos de manera segura y respetuosa. En España en la actualidad se ofrece esta atención en Migjorn. Durante décadas la Maternidad Acuario en Beniarbeig fue pionera en atender partos de manera natural en un entorno cálido dentro de un pequeño hospital.

Prepararse para dar a luz

El parto es siempre cosa de como mínimo dos seres humanos: madre y bebé. Un viaje del uno hacia el otro: el primer encuentro tras, idealmente, nueves meses de gestación. Ambos participan y cooperan en el parto: probablemente sea el bebé el que da la señal de que ya está listo para nacer. Nacer es llegar al mundo, salir del cuerpo de la madre y comenzar la vida fuera de ella, probablemente el viaje más importante de toda nuestra vida, aunque el trayecto físico sea el más breve, apenas diez o doce centímetros de recorrido.
El parto es instintivo: algo que el cuerpo sabe hacer. No hay que aprender a parir. El cuerpo de la madre hace la mayor parte del trabajo abriéndose poco a poco y empujando al bebé mediante las contracciones del útero para que vaya descendiendo. Pero es importante señalar que el bebé también hace su parte: se va colocando, girando, descansando a ratos, avanzando. Seguramente para el bebé cada contracción sea como un abrazo que recibe con todo su cuerpo.
El útero es un músculo: cuando se contrae se pone duro. Se contrae en cada orgasmo, también en la menstruación y, con fuerza máxima, en el trabajo de parto. Cada contracción de parto empuja al bebé un poquito más hacia la salida. El obstetra francés Leboyer en su libro ‘El Parto, crónica de un viaje’ explicó como el útero en el parto se puede contraer de dos maneras: placenteramente o dolorosamente. En las contracciones placenteras, el útero se contrae suave y lentamente. En ese caso la contracción es como una onda u ola que va desde el fondo del útero (la parte más alta) hasta abajo (el cuello del útero), se mantiene un poquito ahí y, se vuelve a soltar poco a poco de abajo hacia arriba. Leboyer comparaba este movimiento suave con el que hace el cuerpo de un niño plácidamente dormido con cada inspiración: se parece al subir y bajar del abdomen, sube lentamente, se detiene arriba un poquito y suavemente vuelve a bajar. Leboyer decía que esto se podía observar desde el exterior viendo la forma en que el vientre de la mujer subía y bajaba con cada contracción de parto.
Por el contrario, las contracciones dolorosas, según Leboyer, son más bien como un calambre: todo el útero se contrae de golpe y se suelta también golpe. Esa tensión tan grande y súbita produciría el dolor. Para que las contracciones sean placenteras es importante estar profundamente relajada y poder recibirlas y acompañarlas como si fueran una ola que recorre el útero.
La naturaleza ha perfeccionado el parto a lo largo de miles de años de evolución. Cómo nacemos nos afecta profundamente. El parto fisiológico o natural es el ideal, tanto para el bebé como para la madre, salvo cuando haya una complicación médica. Es importante señalar que, algunas de las complicaciones más frecuentes del parto son, en ocasiones, el resultado de cosas que se le han hecho a la madre durante el parto y que no eran estrictamente necesarias, esto es lo que se conoce como” medicalización del parto”. Tanto la Organización Mundial de la Salud como las principales asociaciones de matronas y obstetras certifican que la medicalización es peligrosa tanto para el bebé como para la mujer, y que no deberían hacerse tantas cesáreas ni intervenciones en el parto. Sólo se debería intervenir cuando hay un problema. Intervenciones como dar oxitocina sintética para acelerar el parto o poner a la parturienta en una postura determinada pueden poner en peligro la salud del bebé y de la madre. El Ministerio de Sanidad ha recogido en la Estrategia de Atención al Parto Normal las recomendaciones basadas en la evidencia científica para la mejor atención al parto.

Desde el siglo XX se han desarrollado diversas maneras de preparación al parto (entre otros la psicoprofilaxis, método Lamaze, sofrología, haptonomía, hypnobirth, Bradley, etc.). Grantly Dick-Read (1890-1959) obstetra británico, ya publicó el libro “Parir sin miedo” en 1942 promoviendo el parto natural. “No solo queremos hacer que el parto sea fácil, sin arriesgarnos a lastimar a la madre o al niño; debemos ir más allá. Debemos comprender que el parto es fundamentalmente un logro espiritual, así como físico. . . El nacimiento de un niño es la máxima perfección del amor humano”.
Algunos enfoques se han centrado más en la educación maternal, es decir, en explicar a la madre (y al padre) las fases del parto y cómo actuar. Otros han puesto su énfasis en la preparación psicológica y en diversas herramientas o técnicas para afrontar el más que probable dolor de las contracciones uterinas. Así, algunas preparaciones se centran en abordar y prevenir el miedo o el dolor con técnicas psicológicas, mientras que otros insisten más en reforzar la confianza de la madre en su propia capacidad de afrontar el parto viéndolo como algo natural que su cuerpo sabe hacer perfectamente. En las últimas décadas las medidas farmacológicas de alivio del dolor, como es el caso de la anestesia epidural, se han generalizado de tal forma que muchas parejas ya no hacen la preparación al parto porque planean pedir la epidural desde el inicio del trabajo de parto. Este modelo conlleva casi siempre una medicalización de todo el proceso y una menor movilidad de la mujer a lo largo del trabajo de parto.

Para tener un buen parto es importante:

Tener presente al bebé que va a nacer. Comunicarse con él, hablarle, comprender que cada contracción es un abrazo que el bebé siente y que le acerca más a nacer. Saber que él o ella está ahí, sintiéndolo todo, despertándose poco a poco conforme desciende por el canal de parto para conocer a la madre. Es una personita que percibe emociones y que anhela comunicarse. El ambiente le va a afectar, si la madre está tranquila y confiada el nacimiento va a ser mucho más suave que si la madre está asustada o contraída por el miedo o el dolor.

Confiar en el propio cuerpo. Puede ser de gran ayuda escuchar y leer numerosos relatos de partos de mujeres que tuvieron partos fisiológicos o naturales. Parir es instintivo. No hay que pensar, hay que dejarse llevar. Algunas técnicas ayudan precisamente a este dejarse llevar, como practicar con la voz y el canto carnático o técnicas de relajación, meditación o hipnosis.

Moverse libremente, eligiendo en cada momento la postura que pide el cuerpo. Se trata de escuchar el cuerpo al máximo: según se vaya colocando el bebé será más conveniente estar en una u otra postura, suele ir cambiando conforme avanza el parto.

Rodearse de buenas matronas que confían en la capacidad de parir de las mujeres y que saben observar y atender sin molestar. Si de verdad hay un problema la matrona lo detectará y hará lo que sea preciso.

Estar bien acompañada, del padre o la persona de confianza que la madre elija. Es clave que esta persona comprenda lo que es el parto, que sepa lo importante que es, por un lado, no molestar y, por otro, apoyar a la madre cuando esta siente que no puede más, recordarle lo bien que lo está haciendo, etc.

La salud mental en el embarazo

No todas las mujeres se sienten bien en el embarazo ni viven igual toda la gestación. Algunas sufren trastornos emocionales como depresión o ansiedad o viven en situaciones de máximo estrés y/o violencia de género u otros tipos. En esos casos es más difícil vincularse con el bebé y prepararse para su llegada.
En la actualidad hay varios grupos de investigación a nivel mundial trabajando en comprender como afecta al bebé el estado emocional de la madre durante la gestación. El estrés de la madre durante el embarazo puede afectar de forma negativa al desarrollo emocional del bebé. Esto se ha demostrado desde las neurociencias y la neurobiología: se han podido relacionar datos como las mediciones de hormonas del estrés en la sangre o saliva de las madres con algunos tipos de síntomas en los hijos.
Los cuidados tras el nacimiento pueden mejorar o empeorar los efectos del estrés prenatal en el desarrollo del bebé. Lamentablemente este conocimiento no está igual de extendido entre muchos profesionales de la atención a la maternidad ni en la sociedad en general, por lo que no se suele poner suficiente énfasis en prevenir y tratar el estrés materno durante el embarazo.
Lo que la madre sienta y piense sobre su bebé puede entre otras cosas influir en el parto, facilitándolo u obstaculizándolo, o en el inicio de la relación de apego con el bebé antes y después del nacimiento. En este ámbito desde la psicología del embarazo se estudia cómo vive el bebé la relación con la madre y el padre desde el útero y cómo afectarán estas vivencias prenatales a la construcción de su identidad. Se sabe que el cómo imagina la embarazada a su futuro bebé y el cómo se relaciona con él desde la gestación puede favorecer el vínculo amoroso y seguro tras el nacimiento.
Además, hay que tener en cuenta que la nutrición y el ambiente en el que viva la embarazada también afectan enormemente al neurodesarrollo del bebé. Sabemos con certeza que tomar alcohol durante el embarazo, incluso a dosis mínimas, daña el desarrollo cerebral. Igualmente habría que evitar el tabaco y todas las sustancias de abuso. En estas situaciones es muy importante contar con el apoyo de profesionales de la salud mental perinatal. Intervenciones como la psicoterapia y el acompañamiento terapéutico, sea individual o grupal, permiten ir creando un espacio para vincularse con el bebé desde la gestación, lo que a su vez previene o minimiza el riesgo de que el bebé desarrolle otras patologías mentales en el futuro.
Evitar el estrés durante el embarazo es una prioridad. Está demostrado, por ejemplo, que el estrés materno es una de las principales causas de parto prematuro. Por eso los médicos no deberían esperar a que la gestante esté mal para ofrecerle una baja por enfermedad. En estas situaciones es donde más valor tiene la frase “más vale prevenir que curar”. Es preferible estar de baja por enfermedad durante el último trimestre de la gestación para vivirlo con calma y tranquilidad, antes que encontrarse con un parto prematuro y un bebé muy frágil por no haber evitado ese estrés a tiempo.

Las implicaciones de todo este campo trascienden al cuidado que como sociedad hay que ofrecer a todas las gestantes. Como dice Ruth Feldman:“Es nuestra responsabilidad como cuidadores, científicos, políticos, profesionales de salud mental, y ciudadanos responsables que cada bebé tenga la oportunidad de aprender a amar y que cada padre y madre reciba el apoyo necesario para que esto suceda”.

Un embarazo complicado

Algunos embarazos se complican. A veces desde el inicio, ya en el primer trimestre, se detecta que el bebé tiene algún problema que dificulta su desarrollo. Puede ser una malformación o una alteración cromosómica, o un problema incierto que no se sabe a qué es debido ni cómo evolucionará. Otras veces el embarazo se complica desde el cuerpo de la madre dando lugar a sangrados o hemorragias, amenazas de aborto o de parto prematuro, roturas de bolsa, infecciones…En algunas ocasiones se dan los dos aspectos: un bebé que no crece bien y un embarazo complicado para la salud de la madre.
Con frecuencia los obstetras, médicos expertos en patologías y complicaciones del embarazo, reconocen que no saben bien como atender la parte más emocional en esos embarazos complicados y/o difíciles. A menudo recomiendan que se tomen decisiones de forma demasiado precipitada, en temas tan delicados como seguir o no adelante con un embarazo complicado. Otras veces falla la continuidad y la mujer o la pareja se encuentran que en cada consulta les atiende un profesional diferente con la dificultad añadida que esto conlleva.
Suelen ser situaciones muy complejas desde el punto de vista emocional. Puede ser difícil sentir, por un lado, ese cariño creciente hacia el bebé en el útero junto con la preocupación o el miedo por su futuro o por la propia salud. Hay quien piensa que es mejor “no encariñarse demasiado con el bebé” o “no hacerse demasiadas ilusiones” por si acaso el embarazo no termina bien. Además, está el estrés añadido de tener que pasar el embarazo en reposo o, incluso, hospitalizada durante semanas o meses.
Algunas madres que han vivido embarazos muy complicados han contado como el sentirse muy conectadas con el bebé que crecía en su interior, fue lo que más fuerza les dio en situaciones muy adversas. Incluso madres que perdieron a sus bebés han manifestado que, pese a todo disfrutaron del embarazo, de la maravilla de sentir a su bebé dentro de su vientre, y que fue el haber podido disfrutar de esa conexión plenamente lo que les ayudó a transitar ese duelo tan oculto que es la pérdida gestacional o perinatal.

Cuando la gestación se complica, permitirse disfrutar el embarazo no debería ser algo imposible sino lo contrario, algo más necesario si cabe. Puede ser que no haya más embarazos, tal vez ese sea el único tiempo con ese hijo o hija vivo. Si el bebé viene mal, sentirse y saberse querido siempre le ayudará a afrontar la adversidad. Por todo ello es importante buscar los apoyos y la manera de conectar con el bebé en gestación también – o especialmente- cuando el embarazo se complica.

En esas situaciones puede ayudar:

Darse todo el tiempo necesario antes de tomar decisiones. A veces se puede buscar una escucha terapéutica por parte de profesionales o voluntarias que están dispuestas a acompañar a la madre o a las familias en momentos tan delicados y dramáticos. La prisa casi nunca es buena. A menudo la prisa viene más del miedo de los profesionales, de su dificultad para sostener en momentos difíciles que de la situación clínica del bebé.

Centrarse en el presente, en el aquí y ahora. Dedicar tiempo a escuchar al cuerpo y observar los cambios que produce el embarazo, cuidarse todo lo posible. Situaciones tan duras a veces son una oportunidad de vivir el amor incondicional en plenitud, incluso si hay que despedirse porque llega la muerte.

Confiar y prepararse para el encuentro con ese bebé ya tan querido, pese a todo, aunque vaya a ser una despedida. Tratar de disfrutar de su presencia y compañía en el momento presente. Hablarle o cantarle, intentar ponerse en su piel, saber que solo conoce el amor materno.

Ser madre embarazada de un bebé que no viene bien puede ser muy difícil y doloroso, pero también puede ser una oportunidad para aceptar el misterio y la fragilidad de la vida. Así se puede vivir la maternidad con menos miedo y más confianza, desde la plenitud que en ocasiones aporta el amor incondicional.

La pérdida del embarazo y el duelo

Hay bebés que no llegan a vivir fuera del útero. Fallecen en algún momento del embarazo o en el parto. Casi siempre la muerte llega de forma súbita e inexplicable: nadie la esperaba. El proceso de aceptar esa muerte, el trabajo del duelo suele ser especialmente difícil. Muchas veces el entorno de los padres o la sociedad entera niegan a los padres la realidad de su dolor, especialmente si el bebé tenía poco tiempo de vida. Pero lo cierto es que, igual que muchas madres se sienten madres desde que saben que están embarazadas, la muerte de un bebé en el útero por pequeño que sea significa la pérdida de un hijo-a. Claro que, cada madre, cada padre y cada familia lo vivirá de manera distinta.
Con frecuencia la madre se siente culpable. Piensa que el bebé ha fallecido por algo que ella hizo o no hizo, siente que no hizo todo lo que estaba en sus manos para cuidar a ese bebé en su vientre. Este pensamiento es irracional, la madre no tiene la culpa de que el bebé fallezca obviamente, pero refleja el profundo dolor de la pérdida. El sentirse cuidada por los profesionales sanitarios es muy importante: tienen que dedicar tiempo a escuchar y acompañar a los padres.
El proceso físico del parto suele variar según la edad gestacional. En muchos casos se puede esperar un poco (horas o incluso días) antes de tomar decisiones como hacer un legrado o provocar un parto. Ese tiempo de silencio, si se vive acompañada, puede servir para iniciar la despedida. Algunas mujeres prefieren elegir un parto no medicalizado para que su cuerpo haga el trabajo de parto natural, lo que puede facilitar mucho el duelo y los siguientes partos.
Una vez que nace el bebé sin vida se le puede acoger y darle una despedida. Algunas familias eligen pasar tiempo con el cuerpecito del bebé, darse su tiempo para contemplarle y abrazarle por primera y última vez, tomarse unas instantáneas con él o ella. Son momentos muy especiales que requieren de los profesionales un cuidado muy sensible y respetuoso. Se puede facilitar que la familia cree una caja del recuerdo, con las huellas dactilares, instantáneas, un mechoncito de pelo o cualquier cosa que les ayude a transitar el duelo. Algunas madres eligen donar su leche a otros bebés tras perder al suyo en el parto.
El trabajo del duelo requiere recogimiento, tiempo, silencio. Suele ser un tiempo largo, diferente para cada madre y cada padre. Hay que permitirse la tristeza en una sociedad que prefiere no reconocerla. No suele ser fácil, menos aún si en el entorno hay otras parejas familiares o amigas dando a luz a sus bebés sanos a término.
Hay asociaciones especializadas en ofrecer apoyo a las familias en la muerte y el duelo perinatal. En sus páginas se pueden encontrar más información sobre como ayudar y acompañar en ese doloroso proceso.

Uma Manita

El hueco de mi vientre