Fundación eCare Acompaña - Elisabeth d'Ornano - Evidencias - Nacimiento

Un buen parto según la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de publicar sus nuevas recomendaciones para la atención al parto y nacimiento. Para ello médicos, matronas y obstetras de todo el mundo han revisado las investigaciones para ofrecer unos consejos basados en la evidencia científica de cara al parto. El proyecto eCare se basa en esas recomendaciones: todo lo que se recoge en el mismo viene avalado por la ciencia y la OMS.
La atención al parto es mejorable y la OMS promueve el cambio. En algunos -pocos- países muchas mujeres no reciben atención profesional, en otros, la mayoría, la atención está excesivamente medicalizada y muchas mujeres no tienen una atención respetuosa ni digna. La OMS reconoce ese maltrato que muchas mujeres aún sufren en el parto, que conlleva intervenciones innecesarias y pone en peligro su salud y la de sus bebés.
La atención respetuosa es la base de todos los cuidados en el parto y nacimiento: la experiencia subjetiva de la mujer es muy importante. Entre sus recomendaciones, OMS recuerda que es fundamental que la mujer pueda estar acompañada en todo momento por quien ella elija, por su pareja, su doula, o quien ella quiera; y pueda moverse libremente durante el parto. Además, anima a los profesionales a comunicarse con claridad y ofrecer estrategias diversas para aliviar el dolor, no sólo la anestesia epidural.
Idealmente el parto normal lo debería atender una matrona, o un equipo de matronas, las mismas que han hecho el seguimiento del embarazo y que seguirán atendiendo a madre y bebé en el posparto. La duración del parto puede ser muy diferente de una mujer a otra, por eso ahora se han flexibilizado los criterios y alargado el tiempo que se recomienda esperar antes de hacer ninguna intervención para acelerarlo.
Las recomendaciones son claras: es mejor no monitorizar a todas las mujeres al llegar al hospital ni durante todo el parto. En vez de eso, es más seguro y eficaz que la matrona ausculte el vientre para ver como está el latido cardiaco del bebé o que lo haga usando un doppler. Es importante que la mujer se mueva libremente, en vez de decirle que esté quieta o acostada. También es importante permitirle que coma o beba.
Una vez que el bebé ha nacido es muy recomendable en ponerlo piel con piel sobre la madre, dejarle ahí mínimo una hora y no bañar al bebé en las seis primeras horas de vida. Esta recomendación es debida a la importancia que tiene el sentido del olfato entre el bebé y su madre en las primeras horas de vida. Además, es prioritario lograr que madre y bebé estén en la misma habitación como mínimo las primeras veinticuatro horas de vida.
La OMS concluye sus recomendaciones de esta manera:
“El embarazo, el parto y el período postnatal son eventos memorables en la vida de una mujer. La aplicación de estas recomendaciones mejorará esta experiencia para las mujeres de todo el mundo”.

La oxitocina: hormona del amor y de la vida

La oxitocina es una sustancia química que se produce principalmente en el cerebro y de ahí pasa a la sangre, llegando a producir efectos en otras zonas del cuerpo, por eso se le llama neuro hormona. En las madres, la oxitocina produce las contracciones del útero en el parto y la salida de la leche materna durante la lactancia. También produce las contracciones uterinas que se dan en el orgasmo y la eyaculación en los varones.

Pero los efectos más interesantes de la oxitocina se producen en el cerebro. Es la hormona que facilita buena parte de la conducta amorosa, reproductiva y social. Por eso se le llama la hormona del amor y de la vida. Entre otras cosas se ha comprobado que cuando suben los niveles de oxitocina en el cerebro las personas sienten más confianza y bienestar. La oxitocina produce un efecto relajante en general, disminuye la ansiedad y aumenta la sensación amorosa. Los niveles de oxitocina aumentan en la sangre cuando recibimos un masaje o caricias o nos bañamos en agua caliente. También cuando nos miramos a los ojos con otra persona o miramos a los ojos de nuestro perro. O cuando comemos en grupo o pasamos tiempo con amigas. En definitiva, la oxitocina nos ayuda a relacionarnos socialmente, a sentirnos queridos y a dar cariño y cuidados a otras personas.

A lo largo del embarazo los receptores de oxitocina en el cerebro se multiplican. Los niveles más altos de oxitocina en toda la vida se dan en las dos primeras horas del parto, tanto en la madre como en el recién nacido. Es lo que la naturaleza ha previsto para que las madres quieran cuidar a sus bebés y permanecer con ellos durante mucho tiempo. Los padres también producen oxitocina y se ha comprobado como cuando una pareja convive con su bebé los niveles de oxitocina entre hombre y mujer se sincronizan, siendo muy parecidos.

La oxitocina sintética es una sustancia idéntica pero producida artificialmente. Se utiliza como fármaco intravenoso en algunos partos ya que sirve para contraer el útero. Por eso se da a veces cuando el parto se detiene o tras el nacimiento del bebé para contraer el útero y prevenir que haya una hemorragia. Esta oxitocina sintética no llega al cerebro de la madre por lo que no produce esos sentimientos de bienestar y relajación. Así las contracciones que produce son mucho más dolorosas que las contracciones sin oxitocina artificial. Además, cuando se da la oxitocina sintética el cerebro produce menos oxitocina natural (también llamada endógena). La anestesia epidural también hace que se produzca menos oxitocina natural, por lo que casi siempre suele conllevar la administración de oxitocina sintética. La oxitocina artificial también puede influir negativamente en la lactancia.

Es importante saber que cuando el parto se detiene o enlentece mucho, se puede ayudar a la madre a que su cerebro produzca mas oxitocina natural y así no tener que usar el fármaco. Se puede hacer dando un masaje, reforzando su confianza, animando a su pareja a que le acaricie, y haciendo que la madre esté en un ambiente de poco estrés, es decir, con poca luz, sin ruidos casi, o dentro de una bañera con agua caliente.

El nacimiento del bebé

El bebé se va preparando para nacer. Durante los últimos días del embarazo suele ir bajando su cabecita en la pelvis de la madre. Cuando está listo para iniciar su salida su cerebro manda una señal a la madre y así se suele iniciar el parto. Los ligamentos de la pelvis de la madre se ablandan considerablemente al final del embarazo, para permitir que la pelvis se pueda abrir al máximo en el parto. Cada contracción uterina es un pequeño empujón, un abrazo que el bebé recibe en todo su cuerpo. Conforme avanza el parto las contracciones van siendo mas fuertes y duraderas, casi duran un minuto. El cuello del útero se va abriendo lentamente, es lo que se suele llamar “dilatación”.

Para salir de la pelvis el bebé tiene que ir girando, flexionando su cabecita y descendiendo. Dentro del útero, el bebé se encuentra rodeado de una especie de globo de agua: es la bolsa amniótica, lo que facilita sus movimientos y giros. Mientras la bolsa no está rota el bebé tiene más facilidad para ir girando dentro de la pelvis (además así está más protegido de las infecciones externas). Algunos bebés llegan incluso a nacer con la bolsa intacta, es lo que se llama parto velado. En la Antigüedad se pensaba que era una señal de que esos recién nacidos (los “enmantillados” o nacidos con velo) traían buena suerte. Romper la bolsa artificialmente en ocasiones hace que el bebé “se atasque” dificultando su movimiento en la pelvis.

Conforme avanza el parto, el bebé se va encajando, girando y colocando. Unos están muy bien colocados desde el principio del trabajo de parto, lo que suele facilitar muchísimo el parto. Otros se encuentran en posiciones que pueden hacer que el parto sea más largo y, sobre todo, más doloroso. Así se explica que algunas mujeres tengan contracciones muy dolorosas e intensas sin siquiera estar de parto: el bebé está intentando colocarse antes de empezar el descenso.

El parto es tremendamente dinámico: una cadena de movimientos coordinados que permiten el paso de la cabeza del bebé por el estrecho del canal del parto y su salida. Influye la forma que tenga la pelvis de la madre al igual que su estado físico: cuanto más flexibles estén los ligamentos pélvicos más fácil va a ser para el bebé el movimiento. Además, el buen estado físico de la madre le permite ir cambiando de postura o moverse con agilidad.

Las buenas matronas saben observar en que postura está el bebé para ir favoreciendo su descenso, a veces sugiriendo cambios de posición a la madre o utilizando técnicas ancestrales como el “rebozo” o manteo que usaban las tradicionales parteras mayas. Las mujeres también pueden aprender a reconocer en que postura está el bebé en el útero observando sus propias sensaciones, viendo en que zonas se mueven las manos o los pies del bebé y donde se encuentran sus nalgas o su cabecita. (A veces ayuda dibujar las partes del cuerpo del bebé sobre el vientre materno para aprender a ubicarlas).
Según como se vaya colocando el bebé en su salida la mujer puede sentir ganas de ponerse en una u otra postura para facilitarlo, por eso es tan importante poder moverse libremente durante todo el trabajo de parto y “escuchar” el propio cuerpo. Si el bebé está mal colocado o atascado el parto puede ser muy largo y difícil. Ahí es clave el conocimiento de la matrona para detectar y corregir el mal posicionamiento del bebé. En esos casos pueden ser de gran ayuda o incluso necesarias intervenciones obstétricas como la anestesia epidural o el parto instrumental.
Al pasar por el canal del parto y salir, el bebé se va exponiendo a las bacterias que tiene la madre en su vagina y periné. Estas bacterias colonizan al bebé y llegan hasta su intestino, para comenzar a producir su flora intestinal, llamada “microbiota”, de enorme importancia para la salud de por vida.

Conforme avanza el trabajo del parto, el bebé se va despertando, pasará del adormilamiento que tiene en el útero a estar completamente despierto y alerta nada más nacer. (Algunas comadronas expertas explican que de manera intuitiva “se comunican” con el bebé durante el parto, incluso le hablan o le explican que está a punto de nacer).

En 1974 el médico obstetra francés Frédérick Leboyer (1918-2017) publicó el libro Nacimiento sin violencia. Fue el primer médico que se puso en la piel del recién nacido para describir todas sus sensaciones al llegar al mundo en un paritorio de cualquier hospital moderno. Describió el parto como un viaje, una aventura para el bebé que llega, y explicó con nitidez lo doloroso que puede ser para el bebé sentir frío al salir, una luz cegadora, o ser separado de la madre nada más nacer y alejado de ella. Lo mostró con fotos en blanco en negro que ilustraban su libro y que no dejaban a nadie indiferente: visibilizó el sufrimiento de muchos bebes en el parto al no ser suficientemente cuidados. Leboyer dejó la obstetricia y dedicó el resto de su vida a estudiar y difundir la importancia de la conexión emocional entre las madres y sus bebés. Desde entonces, y en parte gracias a su legado, las cosas han cambiado para bien. Ahora se cuida bastante más y mejor a los recién nacidos y se procura respetar sus tiempos.

Antes se pensaba que lo primero que tenían que hacer los bebés al salir del útero era llorar. Ahora hemos aprendido que muchos bebés que nacen dulcemente en partos respetados no lloran al nacer, especialmente si no se corta el cordón umbilical hasta que deja de latir. Es decir, la transición a la vida fuera del útero puede ser mucho más suave de lo que se pensaba, no tiene por qué ser traumática ni dolorosa. Simplemente nada más salir los recién nacidos de despiertan y empiezan a respirar suavemente y, si se les coloca sobre su madre, en un ambiente cálido, poco a poco van abriendo los ojos y buscando el pecho de la madre sin llorar. Lo hacen guiados por el olfato y es precioso comprobar como saben llegar al pecho y empezar a tomarlo por sí mismos. No tienen ninguna prisa, pero prácticamente todos lo logran en las dos primeras horas de vida por si mismos. Es lo que se llama “agarre espontáneo”.

La matrona o los médicos que han atendido el parto pueden comprobar que el recién nacido está sano observando como se encuentra encima de la madre. Sólo cuando se detecta un problema importante hay que separarlo de su madre, sino es fundamental dejarle esas dos primeras horas de vida junto a ella como mínimo. Esas dos primeras horas se llaman “periodo sensitivo” porque quedan profundamente grabadas en la memoria del recién nacido. Si la separación es necesaria, el padre puede ir con el bebé y hablarle para tranquilizarle y acompañarle durante el tiempo que no esté con la madre.

El viaje del parto

El parto es una experiencia muy intensa: probablemente uno de los momentos más importantes y que más grabado quede en toda la vida de la madre. Aunque cada mujer vivirá su parto a su manera, sabemos ahora que hay un proceso psicológico común que se manifiesta en el parto natural en parte porque las sustancias (hormonas) que producen las contracciones uterinas también tienen efectos comunes a nivel cerebral. Escuchar con detalle los relatos que hacen de sus partos las madres nos permite aprender de su experiencia y estar mejor preparadas para afrontar el parto.
El inicio del parto se puede notar como unas contracciones suavecitas que vienen y van o como una sensación en el útero similar a la que se puede notar en la menstruación. Algunas mujeres sienten que algo ha cambiado en su interior, o se notan a sí mismas más activas o energéticas, con la sensación de que algo más a va a suceder en breve. Muchas cuentan como en ese momento se sienten contentas e ilusionadas con la perspectiva de conocer pronto a su querido bebé. Casi siempre suelen comunicar a alguien muy cercano que el parto está comenzando, pero desean seguir en casa tranquilamente hasta estar seguras de que el parto ya no se va a detener. También es frecuente que en los días anteriores al parto las contracciones se inicien, duren unas horas y luego desaparezcan, es lo que se suele llamar “pródromos” de parto, que viene a ser como un a puesta a punto o un calentamiento de motores para preparar el parto. Más raramente lo primero que se nota es la pérdida de líquido amniótico, es decir, una fisura o rotura de la bolsa de aguas, lo que en si mismo no significa estar de parto hasta que no comiencen las contracciones (lo que puede tardar uno o varios días en suceder).
Conforme las contracciones van siendo más frecuentes e intensas, las mujeres suelen sentir la necesidad de trasladarse al lugar que han elegido para dar a luz. Una vez allí se van “metiendo” en el trabajo de parto. La sensación en el cuerpo es tan intensa o fuerte que ya es difícil pensar en nada más o prestar atención a lo que sucede en el exterior. Entre contracciones algunas mujeres pueden tener sueño e incluso dormitar, otras prefieren caminar, cantar o incluso recibir un masaje o caricias de su pareja o acompañante. La intensidad de las contracciones casi siempre sorprende por su fuerza, en algunos casos también por su dolor. Las madres cuentan que en esa fase necesitan saber que todo va bien y que la matrona les refuerce en la confianza, les diga que lo están haciendo bien o les cuente como escucha al bebé. Suele ser una gran ayuda moverse libremente o colocarse en la postura que pida el cuerpo. Las contracciones se notan como una ola que viene y va recorriendo todo el útero; acompañarlas con la respiración y visualizarlas como un abrazo que va ayudando al bebe a salir facilita el trabajo.
Al final del parto muchas mujeres cuentan que han sentido que no podían más, que se han encontrado al límite o que han pensado que no podían seguir adelante o incluso que iban a morir. Casi siempre esta sensación precede a las contracciones finales del parto y significa que el bebé está a punto de salir. Curiosamente esas fuertes contracciones finales suelen ser menos o nada dolorosas. El apoyo del padre o acompañante y de las profesionales es imprescindible en este momento.
El nacimiento, la salida al exterior del bebé, puede llevar su tiempo. Una vez que está fuera y que se le coloca sobre el cuerpo de la madre es frecuente sentir algo maravilloso, una emoción inmensa, una especie de éxtasis amoroso junto con el asombro de ver por primera vez al bebé. Muchas madres cuentan que el haber vivido el parto de manera natural les ha dado una sensación de logro y empoderamiento enorme, una fuerza que les ha ayudado luego en muchos momentos de la crianza y la vida.
Cuando el parto no transcurre de forma natural, cuando son precisas las intervenciones medicas o hay que realizar una cesárea urgente o programada la vivencia puede ser muy diferente. La sensación de enamoramiento del bebé puede tardar bastante más en producirse o llegar, por eso es tan importante cuidar a la mujer durante el parto y en el posparto inmediato, para que, si el parto no ha sido ideal, al menos la madre pueda recuperarse cuanto antes para ocuparse amorosamente de su recién nacido.

¿Quién puede comer por ti? Nadie, es obvio.
¿Quién puede dormir por ti? Nadie, otra vez.
¿Y quién puede parir en tu lugar? Nadie.
Realmente nadie más que tú. Tú y solamente tú.
En el momento en el que puedas interiorizar este concepto fundamental
resolverás cada uno de tus problemas y dejarás de buscar
a una persona o un lugar para dar a luz.
Entenderás entonces
que hay una sola cosa que hacer:
quedarte cerca de ti misma
F. Leboyer. Traducción libre de G. Bianco del libro de Frédérick Leboyer Atmen, singen, gebären, 2008. (“Respirar, cantar, dar a luz”)

Parir con el propio cuerpo

Cuando una mujer se pone de parto se ve influida por lo que ha sido su relación con el cuerpo toda su vida. No siempre es fácil. Vivimos en una cultura donde el cuerpo de las mujeres en toda su diversidad no es celebrado. Algunos estudios han señalado como desde los cinco o seis años de vida muchas niñas se sienten feas o gordas, y como esta presión por tener un cuerpo ideal (más delgado, más joven, más esbelto, más atlético etc.) se mantiene toda la vida, incluso en la vejez o ancianidad. Muchas mujeres crecieron siendo niñas acomplejadas de sus cuerpos, se sintieron avergonzadas al tener la primera menstruación, vivieron la adolescencia encogidas para no destacar por su altura o no mostrar sus pechos, tuvieron trastornos de la conducta alimentaria por intentar mantenerse debajo de su peso natural, tardaron mucho en poder disfrutar de su sexualidad o directamente nunca lo lograron…

Con esos antecedentes puede ser difícil o casi imposible llegar al parto confiando en el cuerpo. Las mujeres que sufrieron abusos emocionales o sexuales en la infancia o en la juventud pueden sentir que les resulta muy difícil relajarse, abrir, o que les da miedo confiar en el parto y dejarse llevar. En esos casos puede ser de ayuda contárselo a la matrona para poder sanar esas historias previas tan dolorosas. En algunos casos también puede ser necesaria la psicoterapia.

El parto forma parte de la vida sexual, por eso es tan importante parir sintiéndose segura, confiando en el propio cuerpo y en su naturaleza sabia. Reconocer la maravilla que supone cada embarazo, detenerse a imaginar cómo se va gestando el bebé, celebrar el llegar a término…todo ello ayuda a mejorar la relación con el propio cuerpo durante la gestación.

El aumento de peso propio del embarazo en los pechos, en las caderas, o en el vientre, debería ser motivo de celebración y orgullo: el cuerpo se prepara para recibir y nutrir al bebé. Para los recién nacidos nada hay más perfecto y hermoso que el cuerpo de sus madres. A veces, si la mujer no está a gusto con su cuerpo, si se siente avergonzada o acomplejada, le puede ser de ayuda imaginar como percibe el bebé el cuerpo de su madre, como lo siente, como lo vive. Para el bebé en el útero no hay comparación posible: el cuerpo de su madre siempre será el más perfecto y amado lugar, su único y precioso hogar.

El dolor del parto

Las contracciones del útero en el parto son de una intensidad enorme. Para muchas mujeres la sensación es muy dolorosa, en algunos casos el dolor más fuerte que han sentido en toda su vida. Una minoría de mujeres, sin embargo, apenas perciben ese dolor o incluso describen las contracciones como algo fuerte, pero en absoluto doloroso.

En torno al dolor en el parto se han formulado muchas teorías. Algunas señalan la función que cumple el dolor en el parto, que en cierto modo obliga a la mujer a centrarse en lo que sucede en su cuerpo. Otras teorías señalan hasta qué punto el cómo se haya sentido la mujer con su cuerpo desde su infancia, su sexualidad y su menstruación puede influir en su vivencia y percepción del dolor en el parto y aluden a como en algunas culturas el dolor en el parto era desconocido.

De cara a afrontar el dolor en el parto es importante comprender, en primer lugar, que situaciones aumentan el dolor. Por ejemplo, si la mujer de parto no se puede poner en la postura que ella quiera, si tiene que permanecer acostada o inmovilizada, las contracciones duelen muchísimo más. Además de la limitación de movimientos, hay otras intervenciones que pueden aumentar el dolor: la rotura artificial de la bolsa o el gotero de oxitocina sintética son las más habituales. Ambas provocan contracciones mucho más fuertes y dolorosas.

Otro aspecto que influye mucho en el dolor, pudiendo empeorarlo, es el cómo esté colocado el bebé en el útero, lo que se llama la presentación. Los partos cuando el bebé está colocado en posición posterior, es decir, con la espalda hacia la espalda de la madre suelen ser más dolorosos. Comprender como se coloca el bebé en el trabajo de parto y favorecer su avance significa, a veces, que se sugiera a la mujer ponerse en una u otra postura, algo que las matronas expertas saben valorar.

Para afrontar el dolor en el parto hay toda una serie de estrategias interesantes. El acompañamiento respetuoso, el permanecer en un ambiente de bajo estrés y que nadie moleste a la mujer facilita que el dolor sea tolerable. La dilatación en el agua caliente, los masajes y caricias, y el poderse colocar en la postura que le pida el cuerpo son de gran ayuda.

A nivel psicológico facilita afrontar el dolor, el comprender que cada contracción ayuda y acerca al bebé a su nacimiento, y visualizarlo como un abrazo que siente el bebé. Muchas mujeres que han tenido partos naturales han expresado que confiar en el parto como un proceso natural, algo su cuerpo sabe hacer, les ayudó a permanecer más relajadas y llevar mejor el dolor de las contracciones. Tras haber dado a luz naturalmente, sintieron que afrontar el dolor sin fármacos había valido la pena y que el dolor se recordaba como algo llevadero. La recompensa tras un parto natural en muchos casos es una sensación de logro y alegría enorme.

El padre en el parto

Cada vez son más los hombres que desean estar presentes en el nacimiento de sus hijos. Para que su presencia en el parto sea una ayuda y no un estorbo u obstáculo es importante que el padre conozca y comprenda tanto el proceso del parto para la madre como las necesidades del recién nacido. Con ese conocimiento su presencia puede ser una garantía de respeto y ayuda para la diada madre y bebé.
El parto pertenece a la esfera sexual y afectiva, lo dirigen las mismas hormonas. Para parir bien las mujeres necesitan sentirse seguras y confiadas, poco o nada observadas, igual que para hacer el amor. Libres para moverse como quieran o como les pida su cuerpo, para emitir sonidos o ruidos, para cantar, dormir o comer. Es necesario no sentirse expuesta, mejor sentirse acompañada por alguien que ofrece cariño y cuidados discretamente. En ese sentido el papel del padre puede ser una bendición si ofrece a su pareja mimos, confianza, complicidad y apoyo y le refuerza su capacidad innata para parir. A veces el padre tendrá que colocarse como intermediario precisamente para impedir que la parturienta sea molestada innecesariamente, en equipo con la matrona o profesionales que atienden el parto. Las caricias e incluso los besos durante el trabajo de parto favorecen la liberación de oxitocina materna, es decir, facilitan el parto. Por el contrario la presencia de personas extrañas, el sentirse observada por desconocidos o el tener frio dificultan la producción de oxitocina en la madre, y entonces el parto se enlentece o detiene. A veces los profesionales ofrecen entonces oxitocina artificial o sintética para acelerar las contracciones de nuevo, pero esto tiene algunos riesgos importantes, por lo que es preferible evitar su uso y potenciar que la madre libere su propia oxitocina. Eso se consigue facilitando un ambiente recogido e intimo, y ahí las caricias, el apoyo, el agua caliente, los masajes y los besos del padre sirven para que la madre vuelva a producir más oxitocina propia que ayuda al parto.
Una vez que el bebé ha nacido es vital dejarle en piel con piel con la madre. Nada ni nadie debería molestar o interrumpir ese primer encuentro madre bebé en las dos primeras horas tras el parto, solo una verdadera urgencia médica lo justifica. El padre informado comprende y respeta ese tiempo vital para madre y bebe, sabe que facilitar ese encuentro amoroso favorecerá el vínculo, la lactancia y la crianza.
Si el parto ha sido por cesárea también se puede ofrecer a la madre colocar al bebé en piel con piel nada más nacer y que el padre ayude en ese primer encuentro. Sólo si la madre no se encuentra en condiciones de acoger al bebé se debería ofrecer al padre la piel con piel con el recién nacido, explicándole bien al bebé que es porque la madre no puede que el padre ocupa su lugar brevemente.
Si el bebé precisa ser trasladado u hospitalizado lejos de la madre el papel del padre es fundamental. En ese caso y corresponde a él estar junto al bebé en todo momento, garantizando que se respeta su derecho a estar acompañado por su s padres durante toda la hospitalización. Su presencia y sus palabras explicando y consolando al bebé en ausencia de la madre son la mejor garantía para facilitar que la separación no sea traumática para el recién nacido.

El arte de la obstetricia

La palabra obstetricia viene de la expresión latina “Ob Stare” que significa “estar a lado de”, aludiendo al papel que desempeñaban las personas que atendían al parto, estando al lado de la parturienta en la espera de que dé a luz.

El papel de las obstetras es fundamental para la salud de las mujeres, no sólo en el embarazo y parto, sino sobre todo en la detección y tratamiento de enfermedades como el cáncer de mamá, útero y ovarios, procesos como la endometriosis, enfermedades de transmisión sexual o dificultades con la fertilidad. Además, los y las obstetras salvan vidas en muchos partos complicados, cuando hay problemas importantes.

El arte de la obstetricia pasa por saber cuándo es necesario intervenir para sacar a un bebé de forma urgente del canal del parto, o a la inversa, saber cuándo y cuánto se puede esperar. Para ello trabajan en equipo con las matronas y con otros especialistas médicos como anestesistas y neonatólogos.

La historia de la obstetricia está llena de luces y sombras. Ha habido muchos obstetras que han honrado y ayudado a las mujeres a dar a luz y lo siguen haciendo, mientras que otros han sido poco o nada respetuosos con las parturientas.

“Una mujer sana que da a luz espontáneamente realiza una labor que no puede ser mejorada. Esta labor se cumplirá óptimamente si la mujer siente confianza en si misma y queda en un ambiente en el que ella constituye el centro (como sería su propia casa)”. G.J. Kloosterman era profesor de Obstetricia Universidad de Ámsterdam, y realizó esta afirmación en un ensayo de 1922.

Posteriormente otro obstetra británico, Grantly Dick-Read escribió su libro Childbirth without fear en 1942 en el que ayudaba a quitar miedo al parto y promovía el parto natural. Frederick Leboyer publicó Nacimiento sin violencia en 1974, ayudando a comprender el impacto que el parto hospitalario tenía sobre el recién nacido. Desde finales de los años ochenta el obstetra francés Michel Odent han hecho una labor enorme por difundir los beneficios del parto natural o no medicalizado y por promover una obstetricia respetuosa con madres y bebés, en la que sólo se hagan cesáreas cuando sea verdaderamente necesario y éstas se hagan de la manera más segura y cuidadosa posible. Todos estos obstetras han comprobado las ventajas que tiene un parto natural para la recuperación de la madre y para la adaptación del bebé a la vida extrauterina, así como los beneficios para la salud a largo plazo. Es importante señalar aquí que no es lo mismo parto natural que vaginal o medicalizado.

  • Parto natural o fisiológico: es aquel en el que a la mujer no se le hace ninguna intervención médica. No se le ponen fármacos ni goteros, no se le hace episiotomía ni se le obliga a permanecer en una postura determinada, no se le separa del recién nacido nada más dar a luz, etc y transcurre sin complicación alguna.
  • Parto medicalizado: cuando a lo largo del parto a la mujer se le han realizado intervenciones médicas como: ponerle una vía intravenosa, darle oxitocina, ponerle epidural, romperle la bolsa, subirle al potro para el expulsivo, usar fórceps o ventosa, o hacerle una episiotomía, etc.
  • Parto vaginal: significa que el bebé ha salido por la vagina, pero no equivale a parto natural.
  • Parto respetado: se utiliza esta expresión para describir los partos donde la mujer ha sido la protagonista y en todo momento se ha respetado su proceso y su consentimiento informado, y sólo se han hecho intervenciones cuando era estrictamente necesario y de manera cuidadosa y respetuosa con la madre y el bebé.

En España los y las obstetras son médicos especialistas en obstetricia y ginecología. En otros países (como Argentina) la palabra obstetra u obstétrica también se utiliza para hacer referencia a las matronas. En nuestro país hay que estudiar medicina y tras cuatro años de formación (vía MIR) son expertos en el diagnóstico y tratamiento de todas las enfermedades relacionadas con el sistema reproductivo de la mujer, así como en su prevención.

En las últimas décadas su trabajo se ha visto complicado por las crecientes denuncias que favorecen una medicina defensiva. En ese contexto, se pueden comprender mejor algunas intervenciones preventivas.

La atención profesional de la matrona

La matrona es la profesional experta en la atención al parto normal. Es decir, es quien mejor
preparada está para atender los partos de las mujeres que tienen embarazos sanos. Pueden atender a la embarazada desde el inicio de la gestación y realizar el seguimiento del embarazo.
Su trabajo en el parto consiste precisamente en cuidar esa normalidad y prevenir o evitar que el parto se complique. Para ello hacen algunas tareas imprescindibles:

  • Transmiten confianza a la mujer y le apoyan emocionalmente.
  • Observan el avance del parto sin entorpecerlo. Pueden saber cómo transcurre el parto observando a la parturienta discretamente y escuchándola, en ocasiones explorándola, o palpando y auscultando su vientre y viendo sus posturas y conductas.
  • Son expertas en facilitar que la mujer haga la dilatación a su ritmo y como ella quiera, acompañada de su pareja. Saben cuando tienen que animar a la mujer y como transmitirle confianza y seguridad.
  • Saben cómo está el bebé, observan cómo se va colocando desde el inicio del parto y
    escuchan muy especialmente su latido cardiaco para asegurar que se encuentra bien en todo momento.
  • Informan a la madre de como transcurre el parto y le piden consentimiento informado si es preciso realizar alguna intervención.
  • En ocasiones, si el parto se prolonga o se detiene o si hay necesidad de que el bebé salga rápidamente pueden recomendar a la madre que se coloque en diversas posturas, o realizar pequeñas intervenciones como la amniotomía o incluso la episiotomía.
  • Si hay una complicación saben detectarla y pedir la intervención de los obstetras que en ese caso continuarán la atención del parto o posparto inmediato.
  • Nada más nacer el bebé le colocan sobre la madre y comprueban que se encuentra bien o valoran si es preciso que le atienda un pediatra.
  • Son expertas en lactancia: saben cómo facilitarla desde el parto y en los meses o años siguientes.

Además, las matronas son expertas en atender todos los procesos fisiológicos relacionados con la sexualidad femenina como el embarazo, la pubertad, la lactancia y la menopausia. Pueden ayudar a las mujeres a vivir su sexualidad de forma segura y plena, informando, facilitando métodos anticonceptivos o realizando citologías si es preciso. También saben apoyar la lactancia y resolver las dificultades más frecuentes. Igualmente pueden ayudar en toda la salud sexual y reproductiva.

En España para ser matrona primero hay que estudiar el Grado de Enfermería y posteriormente aprobar el examen EIR (enfermero interno residente), tras lo cual se elige la especialidad de matrona. Esto significa trabajar durante dos años como residente de matrona, con supervisión y evaluaciones varias, tras lo cual se obtiene el título profesional de matrona (Enfermería Obstétrico-Ginecológica). El Ministerio de Sanidad reconoce a la matrona como la profesional experta en atender el parto normal.

En algunos otros países la matronería es una especialidad independiente de la enfermería.

Qué hace una doula

Las doulas son mujeres – casi siempre madres- expertas en acompañar a las mujeres en el embarazo, parto y posparto. Se han formado para ofrecer ese acompañamiento emocional en el parto que facilita el nacimiento. Entienden que el parto es un momento íntimo, que requiere que la madre se sienta cuidada y protegida de distracciones o molestias externas. Su presencia en el parto puede disminuir el riesgo de complicaciones e intervenciones, ya que, cuanto más apoyada y confiada se siente la mujer, mejor progresa el parto.

No son profesionales sanitarias, es decir, no valoran cómo va el parto ni dan consejo alguno, pero ayudan a que la mujer esté cómoda y lo más a gusto posible durante todo el trabajo de parto. La doula suele ser una madre experta que ya ha parido y sabe bien lo que es parir. Crea un vínculo de confianza con la madre antes del parto y le ayuda a lograr un parto respetado y más natural. Durante el parto apoya, sostiene, cuida a la parturienta (puede ser con masajes, palabras, abrazos, cantando o incluso cocinando) y le refuerza en todo momento. Muchos padres expresan también que gracias a la doula ellos han podido estar mucho más tranquilos en el parto de su mujer. Para las madres sin pareja, la presencia de la doula en el parto puede ser una ayuda aún mayor. Las doulas también suelen ocuparse de los hermanos o hermanas mayores presentes en el parto.

Este acompañamiento lo puede hacer igualmente una amiga de la madre que sepa bien lo que es un parto y cómo acompañarlo con serenidad y confianza. En realidad, las doulas vienen a ocupar ese lugar de amiga experta cuando la madre no tiene ese apoyo en su entorno.

Nacer por cesárea

La cesárea, igual que el parto, es un acto de amor que incluye un sacrificio de la madre por amor al bebé y el nacimiento de un ser humano. Todo embarazo puede terminar en cesárea. Tanto la Organización Mundial de la Salud como las principales sociedades científicas reconocen que se hacen muchas más cesáreas de las necesarias, y que eso conlleva riesgos para la vida de madres y bebés, pero a veces la cesárea realmente permite salvar a ambos de una situación que comprometa seriamente su salud, casi siempre de forma urgente e inesperada. Sean cuales sean las razones por las que se llega a la cesárea, no hay ningún motivo para descuidar el resto de los aspectos que rodean al nacimiento. Es decir, además de una intervención quirúrgica, la cesárea sigue siendo el momento del nacimiento y, como tal, debería ser tratado con máximo respeto y humildad por parte de los profesionales que lo atienden.

Hacer un plan para la cesárea durante el embarazo no significa que no se confíe en el parto ni en las propias posibilidades de parir; igual que hacer un seguro de vida no significa que pensemos que vamos a morir próximamente. La cesárea, sea inesperada o programada, puede ser una experiencia gratificante y reparadora si se hace de forma respetuosa.

En los últimos años se está promoviendo la llamada “cesárea natural” que permite minimizar los riesgos de la intervención y que madre y bebé se encuentren de forma amorosa. Permitir que se inicie el trabajo de parto antes de hacer la cesárea asegura que el bebé está listo para nacer, que ha elegido su momento para venir al mundo. Esas hormonas que se liberan al inicio del parto facilitarán su adaptación a la vida fuera del útero y a la madre le ayudarán a iniciar el vínculo tras la cesárea. Si la cesárea se hace antes de que empiece el parto está conexión tarda más en producirse al faltar toda la liberación hormonal y química del parto en el cerebro de la madre y del bebé.

QUE PUEDES HACER PARA FAVORECER QUE LA CESAREA SEA RESPETUOSA

  • Explica a tu médico con detalle tu deseo de que si necesitas una cesárea ésta sea absolutamente respetuosa contigo y tu bebé.

  • Puedes hablar con los médicos sobre tus deseos respecto al tipo de anestesia, sutura, atención al bebé una vez que nazca, fotos o vídeos durante la intervención, etcétera.

  • Explícaselo a los que te atienden, diles que recordarás ese momento toda tu vida y que quieres ser tratada con respeto y alegría.

  • Pídeles que no hablen de ninguna otra cosa que no sea del nacimiento de tu hijo y que te expliquen lo que sucede en cada instante.

  • Puedes solicitar unos momentos antes de empezar, para meditar o rezar a solas o con tu pareja.

  • Habla con tu bebé, explícale lo que va a suceder; esto le permitirá estar más tranquilo y confiar en ti.

  • Explícales a todos que necesitarás muestras de cariño: ¡tienes derecho a sentir miedo! Si necesitas que alguien sujete tu mano, acaricie tu pelo o te hable en voz baja durante la intervención porque así estarás más tranquila, hazlo saber.

  • La mayoría de las veces la intervención se puede realizar con anestesia epidural.

  • Es muy importante que la madre esté acompañada del padre o de una persona de su elección. Esto ya se permite en muchos hospitales y se debe contemplar como un derecho legal del recién nacido a estar acompañado en todo momento.

  • Cuando es preciso utilizar la anestesia general aún es más importante la presencia del padre en el nacimiento, así él podrá recibir al bebé y contar los detalles de la intervención a la madre.

  • Puedes solicitar que todos los goteros e instrumentos te sean colocados en un solo brazo, lo que te permitirá tener el otro brazo libre para abrazar a tu bebé y darle de mamar.

  • Puedes pedir que bajen la sábana que aísla el campo operatorio, en el momento en que sale tu bebé para poderlo ver.

  • En ese instante en que nace, puedes pedir que todos callen para que lo primero que escuche sea tu voz y la de su padre y, con ayuda, le puedes abrazar inmediatamente.

  • Cada vez son más las mujeres que iniciada la lactancia mientras les cosían la herida de la cesárea. No hay ningún inconveniente y todo son ventajas: la lactancia favorece que el útero deje de sangrar antes y dar de mamar en la primera hora del nacimiento asegura que la lactancia no se verá afectada por las rutinas que implica la recuperación de la cesárea.

  • Si la madre no puede hacerlo, se puede colocar al recién nacido en piel con piel sobre el pecho del padre hasta que la madre se encuentre preparada. Así el bebé se siente más seguro y regula mejor su temperatura.

  • Después de la cesárea, mientras estás en la clínica, permanece largos ratos con tu bebé piel con piel sobre tu pecho desnudo. ¡Es una experiencia reparadora y te ayudará a sentirte mejor!

  • Mantén tu poder de decisión y tu responsabilidad. Aun siendo cesárea, tu parto es tuyo y el nacimiento de tu bebé.

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